lunes, 13 de septiembre de 2010

Alegatos en la causa Atlético-Banco-Olimpo

El circuito de los horrores

Por Alejandra Dandan

Los abogados de la querella, Rodolfo Yanzón y Lucía Tejera, hicieron una descripción de los mecanismos represivos en esos centros. Hoy, cerrarían su alegato reclamando prisión perpetua para todos los imputados.

Samuel Miara y Juan Carlos Falcón se sentaron ante una pantalla desde el Hospital Churruca. En la sala de audiencias de los tribunales de Comodoro Py, en tanto, se alineaban en las primeras filas uno tras otro Oscar Rolón, Raúl Guglielminetti, de campera beige, y a su lado Julio Simón, de borravino. También lo hicieron los otros diez imputados por los crímenes cometidos en el circuito de los centros clandestinos integrado por el Club Atlético, Banco y Olimpo. Todos obligados a escuchar la segunda audiencia de alegatos a cargo de la querella encabezada por Rodolfo Yanzón. La semana pasada, en la primera ronda de alegatos, la querella pidió reclusión perpetua para los represores. Las imputaciones de esta nueva ronda se terminarán hoy y la querella volvería a pedir la misma pena.

“Los procesos sociales no se detienen ni con los crímenes ni con la fuerza”, dijo Yanzón al comenzar, en alusión al mensaje que Salvador Allende pronunció hace 37 años y tres días. Luego de un reconocimiento a testigos, familiares y sobrevivientes que se acercaron a dar sus testimonios desde el 24 de noviembre del año pasado, pidió que la Justicia finalmente sea efectiva para alentar a quienes todavía no lo hicieron.

Del otro lado del vidrio que separa la sala de audiencias del público se sentó Carlos Slepoy, impulsor en el país de las causas españolas contra la dictadura de Franco. Entre sobrevivientes y testigos, por la sala también pasó el juez Daniel Rafecas, a cargo del primer tramo de la causa. Ana María Careaga contaba presentes y ausentes entre los represores.

Yanzón hizo un análisis conceptual y político de la represión. Antes repasó el impacto de los juicios argentinos en la región. Habló de Perú, Chile, Uruguay y Brasil, y luego arrancó con uno de los nudos: los límites del Juicio a las Juntas. “Quizá no hay mal que por bien no venga –dijo–: tantos años de impunidad permitieron profundizar la historia.” Del análisis del discurso que trasmitió la Cámara Federal en aquel momento puede decirse que fue “en parte legitimador del accionar de las Fuerzas Armadas en una supuesta lucha contra el terrorismo, pero con métodos equivocados e ilegales”. “Lo digo –explicó– con todo respeto a la Cámara Federal, pero a lo que voy es que a ese discurso tenemos que superarlo.”

La llamada causa ABO investiga 181 víctimas y los homicidios de Carlos Fassano y Lucía Révora de De Pedro. La investigación abarca los crímenes que se produjeron en los tres centros clandestinos que funcionaron en forma sucesiva. El Club Atlético desde mediados de 1976 hasta diciembre de 1977, funcionó en los sótanos de la División de Suministros de la Policía Federal, en Paseo Colón y Azopardo. Cuando se construyó la autopista 25 de Mayo, la población fue trasladada al Banco, a metros del Vesubio, en el cruce de Camino de Cintura con la Riccheri. A mediados de agosto de 1978, el poder militar terminó de acondicionar el Olimpo, en la División Automotores de la Policía Federal, sobre la calle Ramón Falcón.

Yanzón mencionó a Leopoldo Schiffrin para volver a interpelar a la Justicia. “Me parece que la imparcialidad no es despegarse del conflicto y del sufrimiento de la gente.” Señaló a la “corporación” marcada por la lectura de La Nación y los “obstáculos” al avance de los juicios que aparecieron desde 2003 con la actuación de la Cámara de Casación Penal integrada por Alfredo Bisordi y el mendocino Luis Miret.

La audiencia se suspendió en algún momento por problemas técnicos con el Churruca. Veinte minutos después se reanudó. En ese segundo tramo, Yanzón marcó dos ejes de la acusación: la violencia sexual y el antisemitismo.

Para hablar de la violencia sexual habló del Protocolo de Estocolmo. “La tortura sexual empieza por la desnudez forzada, que en muchos países es un factor constante de toda situación de tortura. Nunca se es tan vulnerable como cuando uno se encuentra desnudo y desvalido.” Pidió al tribunal encabezado por la jueza María Garrigós de Rebori “que en esta sentencia se describan las condiciones inhumanas”, recordando que “se escucharon testimonios de mujeres violadas”. Además, que no se los considere hechos aislados. “No ganamos nada si traemos a Miara porque violó –dijo–: porque se lo permitieron sus propios compañeros y sus superiores.”

En ABO, el Turco Julián llevaba un llavero con una esvástica. Hacía salir a los prisioneros de las celdas para hablarles sobre sionismo. El antisemitismo fue uno de los datos más marcados del circuito. “Porque los policías tienen tradición antisemita de abolengo –dijo Yanzón–. Y el plus de tormentos y de torturas a los que eran sometidos es un dato relevante.”

La abogada Lucía Tejera describió luego los mecanismos de funcionamiento de cada centro y las condiciones del surrealismo y la perversión. Habló del trabajo esclavo, la construcción de un taller de reparación de electrodomésticos en el Olimpo a donde los represores llevaban a reparar los objetos robados durante los operativos y también sus propios objetos. En octubre de 1978 un grupo de tareas secuestró a Lucía Révora, por entonces embarazada. De la casa se llevaron además miles de dólares. En el Olimpo, eso dio lugar a una “brutal disputa entre los represores porque se habían quitado parte del botín”, recordó Tejera. En esa situación, sometieron a uno de los secuestrados que era abogado a instruir un sumario, tomar declaración testimonial a los interrogadores del mismo centro clandestino. “Todo era posible”, marcaron.

Las embarazadas fueron otro nudo del alegato. Ana María Careaga había sido secuestrada en junio de 1977, con un embarazo de tres meses. Le tiraron un balde de agua fría, le pasaron corriente eléctrica mientras la asfixiaban. “Pensé que mi hijo estaba muerto”, dijo en la audiencia, una frase que repitió Tejera. “En un lugar que se perseguía la muerte, saber que mi hijo había sobrevivido era una victoria frente al horror.” A Mónica Brull y Marta Vaccaro también las interrogaron embarazadas. La lógica de lo siniestro volvió a apoderarse de la audiencia. Esta vez Tejera hablaba de una fiesta de Navidad después de lo cual se ordenó un traslado. Y del Mundial. “El televisor era siniestro”, dijo Mario Villani durante las audiencias, en un tramo retomado en el alegato.

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